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Cuando La Insatisfaccion Laboral Esta A Punto De Desbordarte

Cuando la insatisfacción laboral está a punto de desbordarte

La insatisfacción laboral parece ser una de las quejas usuales que escuchamos entre amigos y conocidos; cada vez es más frecuente escuchar a personas que se sienten agobiadas con su trabajo, con altos niveles de estrés e incluso dispuestos a renunciar ante la menor oportunidad que se les aparezca.

Esta entrada no la he escrito con la intención de tratar de persuadirte para que renuncies, cambies de trabajo o decidas emprender ahora mismo; no por lo menos sin antes compartirte algunas reflexiones que me hubiera gustado escuchar en mis épocas de “crisis existencial” y que seguro me hubieran ayudado a tomar decisiones diferentes a tiempo.

Antes de renunciar o embarcarte en un cambio de empleo, conviene diferenciar si la crisis que atraviesas es una situación temporal por exceso de trabajo, cansancio, circunstancias coyunturales; o si realmente se trata de una situación que viene prolongándose desde tiempo atrás, de esas que se sienten muy adentro, con una voz que no puedes callar y que te repite constantemente “no eres feliz haciendo esto, ¡por favor haz algo pronto, huye!”.

¿Y cómo diferenciarlas?, cuando sentimos que no damos más en el lugar que estamos tendemos a quedarnos superficialmente, en el malestar o en la incomodidad y a tomar decisiones en dos extremos:  muy lentas, que te llevan a la resignación o muy rápidas que te llevan a empezar una nueva búsqueda de empleo o incluso a renunciar.

Como soy de las que cree que en un tema tan importante como lo es tu vida laboral, es necesario que vayas más a fondo,  a la causa que lo está originando, he recopilado cuatro aspectos que te darán señales más claras acerca de si efectivamente ha llegado el momento de hacer un cambio y reinventar tu carrera profesional, o si por el contrario se trata de una crisis temporal que puedes superar con un algunos ajustes:

1. La sensación de insatisfacción es permanente e insostenible. Esta suele agudizarse cuando hay un desfase grande entre tus recursos personales (tus talentos, tus habilidades, tu experiencia, tus intereses) y las actividades a las que dedicas el 80% de tu tiempo. Es decir, si en tu trabajo actual, pasas la mayor parte del tiempo haciendo cosas que no disfrutas, que te cuestan demasiado, que consumen tu energía o que sencillamente ya dejaron de ser un desafío interesante, ¡alerta!, es muy probable que estés subutilizando tu “verdadera capacidad instalada” (entiéndase: la del corazón, la que emociona, la que nos da sentido de vida) y termines tus días de trabajo con un alto agotamiento mental y emocional.

2. Cuando sientes que tus valores y principios no coinciden con los valores y la cultura empresarial; justamente lo que me sucedió en un momento determinado de mi vida laboral, cuando empecé a sentir que las luchas de egos y poderes al interior de la Compañía en la que trabajaba, eran más fuertes que los valores que se promulgaban en los cuadritos decorativos colgados en los pasillos; o cuando empecé a darme cuenta que para mantenerme a flote tendría que renunciar a buena parte de mi esencia e intentar “encajar”, de lo contrario el sistema terminaría expulsándome. En este caso, sentí vulnerados dos de mis valores esenciales: libertad y coherencia. Y adivina qué sucedió: ¡efectivamente el sistema terminó por expulsarme!.

3. Cuando tu trabajo te aleja cada vez más del estilo de vida que alguna vez soñaste, es decir, aquel donde tienen cabida todas las cosas que te importan: tu familia, tus hobbies, tu crecimiento personal, tus amigos, etc. Cada quien define cuál es el tipo de vida que desea vivir y cuál es la ponderación que quiere asignarle en ésta a su trabajo; sin embargo, por muy atractiva que sea la recompensa económica y de estatus que un trabajo te proporcione, no compensará la frustración de ver pasar los días mientras postergamos todo aquello que llamamos importante.

4. Cuando el miedo se ha apoderado de ti disfrazándose de un estado de confusión, apatía, agobio o enfado. Dicho de una forma más simple: Ya sabes lo que tienes que hacer, sabes exactamente cuál es el siguiente paso, pero el miedo a asumir las consecuencias –muchas veces bastante incómodas-, te mantiene paralizado, frustrado e irritado. Como leí en algún lugar “no existen problemas, existen soluciones que no gustan”.

No me sorprendería que andes por ahí, de pelea con el mundo, echándole la culpa a la empresa de tus problemas, cuando en realidad se trata de una lucha interna, de una parte de ti queriendo “rebelarse” y “revelarse”, ¡ambas!.

Si te has sentido identificado con una o más de las anteriores, es probable que la inminencia del cambio esté tocando a tu puerta y sea el momento de reinventarte. ¿Por qué reinventarte?, porque te puedo asegurar desde mi propia experiencia, que un simple cambio de empresa no hará desaparecer tu insatisfacción, quizás sea un bálsamo temporal, pero más temprano que tarde, las mismas inquietudes estarán rondando de nuevo tu cabeza y tu corazón, así que más vale hacer la tarea ahora ¿verdad?.

Toma acción hoy:

  1. ¿Cuáles de mis talentos, dones y habilidades no están presentes y bien aprovechados en el trabajo que hoy realizo?.
  2. El trabajo que hoy llevo a cabo, ¿me conduce a la paz, la tranquilidad y la realización personal?. ¿nutre mi energía o la consume?
  3. ¿La decisión de mantenerme en este trabajo, respeta mis valores, los incorpora? 
  4. ¿He elegido permanecer en este trabajo desde el miedo o desde el amor?
  5. ¿Es este el trabajo que quiero estar haciendo en tres años?

Si te ha gustado esta entrada compártela con tus amigos, nunca sabes a quién puedes estarle echando una mano en su momento de confusión.

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