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Quiero Independizarme

Quiero independizarme, ¿por dónde empiezo?

A propósito de la celebración del día de la independencia, me levanté con ganas de escribir para todas aquellas personas que me encuentro en la vida (y para las que aún no conozco) y que me dicen con un suspiro profundo “yo también quiero ser independiente, pero no sabría por dónde empezar”.

Dejemos para otra entrada todo el tema de mentalidad y espíritu emprendedor. Hoy voy a partir de la premisa de que estás absolutamente convencido, tienes ganas, pasión y coraje para hacerlo.  Me voy a centrar en los aspectos puramente prácticos de ¿a qué me dedico?.

Lo que más me gusta del momento histórico que estamos atravesando es que estamos en la era de la “reinvención profesional”, la cual he elegido interpretar como la capacidad que tenemos todos los seres humanos (absolutamente todos) de diseñar la vida profesional que queremos, a partir NO de un título académico, sino de una colección más amplia y diversa de todos nuestros activos personales. En la era de la reinvención profesional no prima el título universitario, la especialización o el MBA, por supuesto que son importantes y está muy bien si los tienes, pero lo que verdaderamente se privilegia es el talento y la capacidad que tenemos de agregar valor a un entorno determinado.

Así las cosas, quiero compartir contigo tres pilares para la reinvención o el rediseño profesional, que conviene desarrollar muy a consciencia si quieres: Expandir tu mente y verte más allá de tu título profesional o tu profesión actual; e incrementar tus probabilidades de éxito al salir al mercado como emprendedor o independiente:

  1. Haz un inventario de tus activos personales
  2. Evalúa cuáles son tus pasiones e intereses personales
  3. Evalúa las realidades de mercado

Miremos un poco de cada uno:

Haz un inventario de tus activos personales Esta parte del proceso me la imagino como una gran caja dónde tú vas a depositar y organizar, todo lo que has aprendido y has ganado para ti a lo largo de tu vida, y ¡ojo! el secreto está en no subestimar nada. ¿Qué va en esta caja?

Tus conocimientos: Todo lo que has aprendido a lo largo de la vida, en la universidad, en el instituto, en cada uno de tus trabajos (¡no son roles!, es todo lo que has aprendido a ser y hacer), en cursos, conferencias, seminarios, en programas de televisión, a través de los libros, conversando con la gente, etc.

Tus habilidades: Todo aquello en lo que has desarrollado destrezas a partir del “hacer”. Por ejemplo: hablar en público, escuchar a otros empáticamente, traer calma a un espacio revolucionado, mediar conflictos, escribir buenos textos, tomar buenas fotografías, etc.

Tus talentos. Aquello que hacemos de forma natural, sin el menor esfuerzo. Quizás hacer obras manuales, elaborar discursos, diseñar, combinar colores, una capacidad de  ver lo que otros no ven a simple vista, organizar espacios, simplificar problemas etc…

Tus atributos de personalidad. ¿Eres determinado, seguro, calmado, orientado a resultados, persuasivo, intuitivo, reactivo, metódico?. ¿A qué espacios profesionales puedes trasladar estos atributos?, ¿Cómo te ayudan a relacionarte con otros?.

Tu red de contactos personales y profesionales. A menudo el activo más olvidado. Si vas a iniciar una vida como independiente, tu red (ver entradas anteriores al blog), es uno de tus mayores activos, es quizás la forma más segura de empezar a visibilizar tu marca y a amplificar tu mensaje. Haz una lista de todas las personas que has conocido a lo largo de la vida, no te quedes en familia, amigos y compañeros cercanos, piensa en tu red de forma más amplia, en tus vínculos débiles, aquellos conocidos con quienes puedes entablar una relación a largo plazo.

Tu reputación personal en un ámbito determinado. Y no necesariamente tiene que ser en el área profesional donde estás hoy, quizás te has ganado tu reputación como un gran cocinero y un excelente melómano en tu círculo social por ejemplo.

Evalúa cuáles son tus pasiones e intereses personales

Bien, ahora que tienes una caja repleta de recursos, la siguiente pregunta es ¿qué me apasiona hacer?, ¿a qué tipo de personas me gustaría servir?. Una forma de responder a esta pregunta siempre será: ¿qué es aquello que podría hacer absolutamente feliz, por largas horas, incluso aunque no me pagaran por ello?.  Quizás te apasiona trabajar con niños, con adultos mayores, con mujeres, con emprendedores, con profesionales de la salud, con artistas (a propósito, tengo una amiga que eligió trabajar con adultos que están en etapa de jubilación y desean tener un proyecto de vida para este momento particular, interesante, no sabes cuántos de sus clientes están empezando a cumplir sueños postergados). Bueno, volvamos, el asunto a resolver acá es en qué amarías trabajar y para quién amarías hacerlo, al fin de cuentas, todo lo que hacemos tiene sentido, en la medida que mejora la vida de alguien o de un grupo en particular.

Evalúa las realidades de mercado

Llegados a este punto, el siguiente asunto es: eso que quieres hacer, ¿tiene suficientes clientes potenciales? Y todavía no me voy a meter con tus habilidades o no para la venta, hasta ahora la pregunta a resolver será si hay un mercado amplio, si existe, si tienes que crearlo y si hay suficientes personas dispuestas a comprar eso que tú tienes para ofrecer.

Mi experiencia ha sido que usualmente hay demanda para casi todo lo que creamos a partir de nuestro talento, conocimiento y experiencia; el asunto es que tenemos que tener claro que no podemos ser la solución para todo, tenemos que elegir un nicho muy específico para el cual nosotros seamos la mejor solución y en la elección de ese nicho está la clave.

Otra forma de crear negocios es a partir de lo que los expertos denominan “inteligencia contextual”, entendida como esa capacidad de estar atentos, con los cinco sentidos, observando el entorno e identificando necesidades no resueltas ó incluso, a partir de mis propias necesidades insatisfechas.  Muchas de las grandes ideas empresariales han provenido justamente de allí, de alguien que tuvo ojo agudo para decir “¡ey! Nadie se está haciendo cargo de este problema y yo tengo una idea”.

En mi caso, justamente mi elección profesional actual tuvo que ver con identificar en mi entorno (y de mi propia experiencia años atrás) la cantidad de personas que hay ahí afuera anhelando una vida independiente, pero sin saber ni como iniciar, ni en qué son particularmente buenas y talentosas, ¡ni como vender sus productos y servicios!.

Las realidades del mercado también te invitan a mirar (y si es del caso asesórate de personas expertas y de tu confianza), cuáles son las condiciones de mercado bajo las cuales vas a salir a operar….¿tienes mucha competencia en el nicho que elegiste?, ¿vas a salir a competir con los grandes monstruos de tu sector?, en este caso, más vale asegurarte de crear tu propio diferencial ganador, abrirte un espacio diferente, un micronicho donde tu oferta sea ¡bomba! o buscarte un par de aliados poderosos que te ayuden a abrirte camino.

La pregunta final es ¿y con una mezcla de todos los elementos anteriores, más tu ingrediente secreto, cuál será tu próxima elección profesional?.

Hoy empieza a crear tu propio grito de independencia, menos intención y más acción. 

¡Feliz 20 de julio!

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